Los ese ejjas de Eyiyoquibo, pueblo indígena de la Amazonía, tenían su medio de vida tradicional dependiente de la pesca. Por ello vivían en la rivera de los ríos, moviéndose con libertad por los afluentes. Sin embargo, en las últimas dos décadas, su situación cambió radicalmente y ahora se encuentran arrinconados en un espacio semiurbano, alejados de sus orígenes.
Autoridades y exautoridades de los municipios de Palca, Tiahunacu, Taraco, San Andrés de Machaca y Coroico —además de representantes de las provincias Aroma, Omasuyos y Los Andes— intercambiaron experiencias sobre prácticas de gestión comunal y reflexionaron sobre la importancia de su aplicación en sus regiones.

El debate sobre esta temática forma parte del Conversatorio Sobre Gestión Comunal Organizativa, evento que fue organizado por la regional Altiplano de la Fundación TIERRA en coordinación con la carrera de Sociología de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), en el marco del convenio interinstitucional que tienen ambas entidades.
“La Universidad no puede ser una isla en la sociedad, por ende, en la comunidad. Es necesario que este tipo de eventos conecte con los hermanos de las comunidades rurales porque ustedes son los que producen alimentos para los que viven en la ciudad. Es importante reunirnos así con personas mayores que tienen mucha experiencia. Las puertas de la carrera de Sociología siempre van a estar abiertas para este tipo de encuentros”, manifestó el director de la carrera de Sociología de la UPEA, David Alí.
En el área rural se desarrollan, cotidianamente, prácticas de gestión comunal a la cabeza de sus autoridades. Las temáticas y los ámbitos de esta gestión se establecen para el relacionamiento de la comunidad con el ámbito externo, así como en el autogobierno comunal, en sus distintos niveles.
Las comunidades han puesto en marcha varias herramientas autogestionarias para la gestión de sus territorios, como, por ejemplo, el estatuto orgánico, que regula el gobierno comunal y el cumplimiento de la función social de sus afiliados. “El número de cargos comunales varía de acuerdo al contexto de cada comunidad, tomando en cuenta su vocación productiva”, agregó Alejandro Ávila, del municipio de Carabuco.
Por su lado, Víctor Eloy Chambi —de la comunidad de Calamarca— afirmó que en algunas regiones el rol de los cargos de autoridades no está bien definido, por lo que es necesario realizar ajustes y adecuaciones. “Por ese motivo, en algunas comunidades, los cargos menores no funcionan. Las autoridades en ejercicio tienen que vivir en la comunidad, al menos durante su gestión”, reflexionó.
Otra de las herramientas que se utiliza con frecuencia en el área rural es el libro de actas, que se constituye como un documento de registro de la comunidad en la que se tienen anotadas todas las actividades. Este registro, a la larga, ayuda a las autoridades y a los pobladores a gestionar su territorio y también queda como memoria de la gestión de las autoridades en turno.
Un saneamiento que no toma en cuenta más que cifras en hectáreas y títulos; la dotación de títulos a mujeres sin verificar su consolidación y contexto; el lento avance del proceso, que aumenta la violencia por tierras y la indefensión de los propietarios de tierras, frente a los avasallamientos son los cuatro factores que opacan el proceso de saneamiento en Bolivia.
“Se ha dado permiso de desmonte a quien pide y sin cumplir lo que dice la ley”. Esa es la afirmación de Gonzalo Colque, investigador de la Fundación TIERRA, autor del documento Deforestación 2016-20121. El pragmatismo irresponsable de la “Agenda Patriótica 2025”, que fue elaborado con apoyo de Welthungerhilfe (WHH) y que fue presentado en La Paz el martes 28 de junio.
La superficie para desmontes autorizada por la Autoridad de Bosques y Tierra (ABT) alcanzó a 212 mil hectáreas anuales entre 2016 y 2021, lo que representa el triple en comparación con el promedio de 76 mil hectáreas del periodo 2011-2015. Así lo establece el informe Deforestación 2016-2021. El pragmatismo irresponsable de la “Agenda Patriótica 2025”, documento que será presentado en La Paz, el próximo 28 de julio.
Sobre unas hojas de plátano descansan lado a lado una olla de aluminio y un caparazón de peta (tortuga) volteada, cuya superficie mantiene un tono rostizado. Dentro de la cacerola, caliente y de color intenso amarillo con puntos verdes por las especias, está la lagua (sopa espesa) del reptil que fue cocinado. La preparación tradicional tacana fue realizada por Teresa Cartagena, una mujer de avanzada edad que pertenece a la comunidad Nueva Esperanza.



